Cuando decidí aprender euskera, hice lo que hace todo el mundo: busqué cursos, apps, libros. Lo que encontré eran métodos pensados para aulas, con gramática desde el primer día y poco espacio para hablar de verdad.
Así que empecé a improvisar. Busqué conversaciones reales, me expuse a la lengua antes de entenderla del todo, y fui construyendo las reglas a partir de lo que escuchaba. Y funcionó.
Ahí tuve la idea: ¿y si hacía lo mismo para el catalán, pero de manera estructurada, para que otros no tuvieran que inventárselo?
Catalán Práctico